Beagle

Sabuesos

Un BEAGLE no entra en una habitación como si nada. Se abre paso olfateando, con el hocico pegado al suelo y la cola en alto, ignorando por completo a todo el mundo hasta que ha registrado cada molécula de olor de su entorno. Entonces levanta la vista, decide que eres interesante y, de repente, te conviertes en su mejor amigo… ésta es la experiencia de un Beagle en 30 segundos…

Existe una razón por la que los Beagles son una de las razas de perros más populares en todo el mundo. Son lo suficientemente pequeños para vivir en un piso (en teoría); lo suficientemente robustos para familias con niños; lo suficientemente simpáticos como para cautivar a todo el mundo en el parque para perros; y lo suficientemente «encantadores» como para salirse con la suya en cualquier situación.

Pero tener un Beagle no se reduce sólo a lo adorable que es. Detrás de esos ojos inocentes, se esconde una máquina de caza guiada por el olfato con un ladrido capaz de despertar a todo un barrio, una obsesión por la comida que roza lo patológico y un talento para la audición selectiva que impresionaría a cualquier adolescente. Los Beagles son perros maravillosos para el dueño adecuado. Para el dueño inadecuado, son un dolor de cabeza ruidoso y propenso a las fugas con cuatro patas rechonchas.

Los orígenes del Beagle se remontan a siglos atrás en Inglaterra, donde se utilizaban pequeños sabuesos para rastrear liebres y conejos a pie. Es probable que el nombre derive del francés antiguo «begueule» (que significa «garganta abierta», en referencia a sus hábitos vocales) o, posiblemente, del inglés antiguo «beag» (que significa «pequeño»). Cualquiera de las dos etimologías encaja a la perfección.

Hacia el siglo XIV, los cazadores ingleses utilizaban jaurías de pequeños sabuesos a los que se podía seguir a pie, y estos se convirtieron gradualmente en la base del Beagle moderno. La reina Isabel I era famosa por tener «beagles de bolsillo», lo suficientemente pequeños como para caber en una alforja: una variedad miniatura que ya no existe en su forma original, aunque el nombre persiste en el mercado. La raza se estandarizó a mediados del siglo XIX, y el AKC la reconoció en 1885.

El pasajero histórico más famoso del Beagle quizá no fuera un perro en absoluto: Charles Darwin navegó a bordo del HMS Beagle de 1831 a 1836, un viaje que dio forma a la teoría de la evolución. El barco recibió su nombre por la raza, lo que refuerza lo profundamente arraigados que estaban los Beagles en la cultura inglesa.

El temperamento del Beagle es la razón por la que millones de personas en todo el mundo eligen esta raza. Son alegres, amigables, curiosos y totalmente devotos a sus familias. Un Beagle saluda a cada persona, a cada perro y a cada bocadillo con el mismo optimismo entusiasta. Son los extrovertidos del mundo canino: ningún desconocido permanece como tal más de cinco segundos.

Con los niños, los Beagles son excepcionales. Son lo suficientemente robustos como para soportar juegos bruscos; lo suficientemente dóciles como para no defenderse; y lo suficientemente enérgicos como para seguir el ritmo de los niños todo el día. Rara vez son agresivos: el estándar de la raza describe esencialmente a un perro incapaz de guardar rencor. El Beagle es recomendado con frecuencia y con razón a muchas familias que buscan un compañero activo y adecuado para los niños.

La otra cara de la moneda es donde entra en juego la realidad. Los Beagles se guían por su olfato hasta un punto que es difícil exagerar. Cuando un Beagle sigue un rastro de olor, el resto del mundo deja de existir. Tu voz se convierte en ruido de fondo. La orden de volver se convierte en una sugerencia filosófica. La golosina que tienes en la mano compite con el conejo fantasma que cruzó el parque hace tres horas, y el conejo gana.

Son muy ruidosos. Muy vocales. Los Beagles tienen tres tipos de vocalizaciones distintas: un ladrido normal, un aullido (el clásico sonido de los sabuesos) y un sonido a medio camino entre el ladrido y el aullido que emiten cuando están emocionados o frustrados. Si se le deja solo, un Beagle aburrido aullará sin cesar, y eso se oye a lo lejos. Los vecinos lo oirán. Los vecinos de los vecinos también lo oirán. Si vives en un complejo de apartamentos donde hay quejas por el ruido, un Beagle es una elección arriesgada.

La obsesión por la comida es otro rasgo característico. Los Beagles comen de todo y son sorprendentemente creativos a la hora de conseguir comida. Se suben a las encimeras, abren cubos de basura, abren bolsas y hacen que los visitantes se sientan culpables para que compartan su almuerzo. Esto no es encantador, es un auténtico reto de gestión, ya que la obesidad es el problema de salud prevenible más común de la raza.

La ansiedad por separación es común. Los Beagles son perros de manada hasta la médula y no soportan estar solos durante largos periodos. El comportamiento destructivo, los aullidos y los intentos de fuga, son respuestas típicas a la soledad. Un segundo perro, una guardería canina o alguien de confianza que los saque a pasear al mediodía, pueden marcar la diferencia.

Su habilidad para escapar merece una advertencia aparte. Un Beagle que quiera seguir un rastro pasará por encima, por debajo, a través o alrededor de tu valla. Cavan. Trepan. Son sorprendentemente atléticos. Una valla segura y revisada regularmente es esencial, no una sugerencia.

Los Beagles son, por lo general, una raza robusta y saludable, con menos problemas estructurales que muchas otras razas puras. Dicho esto, tienen sus propias afecciones a las que los propietarios deben estar atentos, y conocerlas proporciona una ventaja: obesidad, epilepsia, infecciones de oído (otitis externa), hipotiroidismo, displasia de cadera, enfermedad del disco intervertebral (IVDD por sus siglas en inglés), ojo de cereza (prolapso de la glándula del tercer párpado que provoca una protuberancia roja característica en el ángulo del ojo), síndrome de dolor del Beagle (meningitis sensible a los esteroides), glaucoma y atrofia progresiva de la retina (PRA por sus siglas en inglés).

La esperanza de vida media de un Beagle es de 12 a 15 años, lo que los convierte en una de las razas de sabuesos más longevas. Con unos cuidados excelentes, algunos Beagles llegan a los 16 o incluso a los 17 años.

El control del peso es el factor más importante. Un Beagle delgado vive sistemáticamente más tiempo que uno con sobrepeso. Estudios realizados en múltiples razas, han demostrado que los perros que mantienen un peso saludable viven una media de 2 años más que sus congéneres con sobrepeso, y los Beagles —con su obsesión por la comida—, son los principales candidatos a caer en esta trampa.

Más allá del peso, las claves para la longevidad del Beagle son sencillas: ejercicio regular (al menos una hora al día), revisiones veterinarias anuales (semestrales a partir de los ocho años), cuidado dental (la enfermedad periodontal está relacionada con problemas de salud sistémicos), cuidado de los oídos (las infecciones crónicas dañan la audición con el tiempo) y estimulación mental (un Beagle aburrido es un Beagle estresado, y el estrés crónico acorta la vida).

Los Beagles mayores (normalmente a partir de los 9 años) pueden desarrollar deterioro cognitivo relacionado con la edad, movilidad reducida por artritis y problemas dentales. Cambiar a una dieta para perros mayores, añadir suplementos para las articulaciones y ajustar el ejercicio a actividades de menor impacto, como paseos suaves y natación (los Beagles suelen ser buenos nadadores, a diferencia de los Basset Hounds), ayudará a mantener la calidad de vida.

Observaciones y Cuidados

Los Beagles tienen un pelaje doble, corto y denso, que requiere relativamente poco cuidado, pero que muda más de lo que cabría esperar de un perro pequeño. La respuesta sincera a la pregunta «¿mudan los Beagles?» es sí: de forma moderada durante todo el año y de forma intensa durante los cambios de pelaje de primavera y otoño.

El aseo del Beagle es realmente sencillo en comparación con el de razas de pelo largo o áspero. Lo que más tiempo requiere es el cuidado de las orejas, que debe considerarse un ritual semanal y no algo secundario. Un Beagle con infecciones crónicas de oído es un Beagle que sufre molestias constantes.

Para controlar la muda, un buen guante de goma para el aseo, utilizado varias veces a la semana, marca una diferencia notable. Durante las mudas de primavera y otoño, un cepillado diario durante una o dos semanas salvará tus muebles y tu cordura. Invierte en una aspiradora de calidad: la vas a usar.

Los Beagles son perros atléticos y enérgicos que necesitan mucho más ejercicio de lo que sugiere su tamaño compacto. Planifica al menos entre 1 y 1,5 horas de ejercicio diario, repartidas en dos sesiones. Los Beagles que no hacen suficiente ejercicio se vuelven destructivos, ladradores y con sobrepeso: la temida tríada de problemas que suelen tener los dueños de Beagles.

El mejor ejercicio para un Beagle combina la actividad física con el trabajo olfativo. Lo ideal es un paseo matutino a paso ligero (30-45 minutos) más una sesión de enriquecimiento olfativo por la tarde o jugar en una zona segura. Esparcir comida por el jardín, esconder golosinas por la casa o apuntarse a una clase local de trabajo olfativo o de rastreo aprovecha sus habilidades naturales y los cansa mucho más eficazmente que el ejercicio físico por sí solo.

El ejercicio sin correa únicamente debe realizarse en zonas totalmente cerradas y seguras. Un Beagle que sigue un rastro olfativo no obedece a la llamada. No se trata de un fallo de adiestramiento, sino de un imperativo biológico. Su olfato anula literalmente su corteza frontal cuando rastrea. Utiliza una correa larga (5-10 m) y un arnés en zonas sin vallas para darle libertad para olfatear sin perder el control.

El adiestramiento de un Beagle es un ejercicio de paciencia, sincronización y soborno estratégico. Son inteligentes —tienen una inteligencia genuina para resolver problemas—, pero su motivación se basa en el olfato y la comida, no en los elogios ni en la obediencia. Si quieres un perro que viva para complacerte, hazte con un Golden Retriever. Si quieres un perro que te complazca cuando se le recompense adecuadamente, hazte con un Beagle.

La orden «déjalo» es, sin duda, la más importante que debe aprender un Beagle. Su instinto de carroñero hace que intenten comerse cualquier cosa que se parezca remotamente a la comida (y algunas cosas que no lo son), incluyendo cebos para caracoles, nueces de macadamia, huesos de pollo y sustancias misteriosas que encuentran en la calle. Una orden «déjalo» fiable podría, literalmente, salvarles la vida.

Subirse a las encimeras y hurgar en la basura no son problemas de comportamiento en el sentido tradicional: es simplemente un Beagle siendo un Beagle. Tomar medidas (asegurar los cubos de basura, despejar las encimeras, usar barreras para bebés) es más realista que esperar que un Beagle se resista a la comida accesible sólo con fuerza de voluntad.

El refuerzo positivo es el único método de adiestramiento eficaz. Los Beagles tienen un temperamento dócil y responden a las correcciones severas bloqueándose o poniéndose nerviosos. Las recompensas con comida, la paciencia y la constancia, te llevarán más lejos que cualquier regaño.

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