El Gato (Felis catus), es un miembro domesticado (félido) de la familia Felidae. Esta familia se divide generalmente entre los felinos de la subfamilia Pantherinae, que rugen (como los Leones, los Tigres y los Leopardos), y los de la subfamilia Felinae, que ronronean (como los Pumas, los Gatos Monteses y los Gatos Domésticos).

Según las últimas investigaciones, es probable que el ronroneo se deba a una almohadilla especial situada entre los pliegues de las cuerdas vocales del gato, que añade una capa adicional de tejido graso que permite que los pliegues vibren (ronroneen) a bajas frecuencias.

Los gatos domésticos se caracterizan por sus garras retráctiles, su cuerpo robusto, sus sentidos agudos, su larga cola y sus dientes especializados, adaptados para cazar presas.

Origen e historia de los Gatos

Tras la extinción de los dinosaurios no aviares, los mamíferos se convirtieron en las formas de vida dominantes.

El primer mamífero felino, el Proailurus, evolucionó hace unos 30 millones de años. Se cree que todas las especies de gatos auténticos evolucionaron a partir de este pequeño depredador similar a una Civeta.

Los gatos que se asemejan a los felinos actuales, aparecieron por primera vez a principios del Plioceno (hace entre 5,3 y 3,6 millones de años) y han perdurado hasta nuestros días con muy pocos cambios.

El diseño original de los colmillos y las garras, la columna vertebral flexible, la fuerza muscular y la agilidad, permitieron a los felinos sobrevivir y adaptarse a los cambios que trajo consigo cada nueva era.

Se han producido adaptaciones debido a los cambios en las presas, pero el tipo de cuerpo básico se ha mantenido igual.

Domesticación

Cabe destacar que los antepasados de la otra mascota doméstica habitual, el perro, eran animales sociales que vivían en manadas en las que existía una relación de subordinación respecto a un líder y que, con el paso del tiempo, el perro ha transferido fácilmente su lealtad del líder de la manada al amo humano.

El gato, sin embargo, no se ha sometido con tanta facilidad. Además, el físico, las habilidades y el temperamento de los perros, han cambiado radicalmente en los más de 30000 años transcurridos desde su domesticación, mientras que los gatos domésticos son casi idénticos a sus parientes salvajes.

Los gatos muestran pocos rasgos faciales infantiles, como los que se observan en los perros, y han conservado gran parte de su naturaleza independiente. De hecho, el felino que generalmente se considera el antepasado más cercano del Gato Doméstico, es un pequeño Gato Montés originario de Oriente Medio y África (Felis silvestris lybica), que es genéticamente casi idéntico a los gatos domésticos y se cruza fácilmente con ellos, hasta tal punto que, en algunas zonas, el Gato Montés corre el riesgo de dejar de existir como especie pura.

En consecuencia, los gatos han conservado su naturaleza independiente y pueden prosperar como depredadores en la naturaleza hoy en día. Por ello abundan los gatos asilvestrados y por ello los expertos no consideran que el gato sea un animal totalmente domesticado.

La primera relación conocida entre los gatos y el hombre se remonta probablemente a los orígenes de la agricultura en Oriente Medio, hace unos 15000-10000 años.

Aunque el animal era, sin duda, una fuente de carne y pieles, con el tiempo se desarrolló una especie de relación de colaboración entre los seres humanos y los gatos, basada en la necesidad mutua.

Cuando los seres humanos dejaron de vivir como cazadores-recolectores y comenzaron a depender de la agricultura, los gatos se sintieron atraídos por los roedores que se alimentaban de los cultivos y del grano almacenado. Los humanos necesitaban proteger sus cereales de los roedores, y los gatos necesitaban una fuente de alimento fácil de conseguir.

Con el paso del tiempo, los gatos pasaron a ser algo más que una herramienta para controlar las plagas. En el sur de Chipre, se descubrió una tumba que contenía los restos de un ser humano y un gato, que datan de hace unos 9500 años.

Dado que Chipre es una isla y los gatos no son autóctonos, está claro que fueron transportados allí en barco, y el enterramiento sugiere que los gatos ya se consideraban animales de compañía.

A medida que los gatos domésticos se extendieron por todo el mundo a lo largo de las rutas comerciales, la especie se adaptó perfectamente a la vida junto al hombre.

Los gatos gozaban de un estatus especial en el Antiguo Egipto, donde pasaron de ser depredadores útiles que protegían los graneros de los roedores, a convertirse en símbolos venerados de la divinidad.

Eran mascotas muy queridas, consideradas protectores divinos —tanto en esta vida, como en el más allá— y talismanes de buena suerte en cuyos cuerpos podían incluso habitar los dioses.

Surgieron cultos a los gatos y el culto a los gatos en los templos. La realeza egipcia adornaba a sus gatos con oro, mientras que las clases más bajas, fabricaban y lucían joyas con motivos felinos.

Las imágenes de gatos ocupaban un lugar destacado en el arte egipcio, en las paredes de las tumbas y en los objetos de la vida cotidiana.

Se han descubierto miles de momias de gatos en Egipto, junto con momias de ratones, presumiblemente para proporcionar alimento a los gatos en el más allá. Todo ello da fe de la gran importancia social y cultural que se concedía a los gatos en el antiguo Egipto.

Los gatos también son conocidos desde hace mucho tiempo en otras culturas.

En Creta se han encontrado azulejos que datan del año 1600 a. C. y que representan gatos cazando.

En Grecia, los testimonios artísticos y literarios indican que el gato ya estaba presente en el país desde el siglo V a. C.

En China, aparecieron azulejos con motivos felinos a partir del año 500 a. C.

En la India se mencionan los gatos en escritos sánscritos de alrededor del año 100 a. C., mientras que los árabes y los japoneses no conocieron al gato hasta aproximadamente el año 600 d. C.

El primer registro de gatos en Gran Bretaña, data de alrededor del año 936 d. C., cuando Hywel Dda, príncipe del centro-sur de Gales, promulgó leyes para su protección.

Asociaciones con la cultura humana

Los gatos también han ocupado un lugar destacado en diversas religiones y en la literatura mundial.

Sorprendentemente, el gato sólo se menciona una vez en la Biblia, en la Carta de Jeremías. Se decía que la diosa nórdica Freyja tenía un carro dorado tirado por dos gatos blancos de pelo largo, y los egipcios veneraban a una diosa con cabeza de gato llamada Bastet.

El «Libro de los poemas sobre gatos», un documento que data del periodo de Ayutthaya (1351-1767) en Ayudhya, Siam (actualmente Tailandia), contiene ilustraciones y descripciones de diversos gatos.

Los gatos también se han asociado desde hace mucho tiempo con la brujería y la magia negra, lo que ha dado lugar a que, a lo largo de la historia, se les haya maltratado con frecuencia.

Los gatos negros, en particular, se han relacionado con las brujas y, en ocasiones, se les quemaba vivos junto con sus supuestas compañeras brujas.

También son frecuentes las supersticiones relacionadas con los gatos. Por ejemplo, en muchos países occidentales se considera que un gato negro es portador de mala suerte, aunque ese mismo gato en Japón se considera un presagio de buena suerte.

Las figuritas de Maneki-Neko («gato que hace señas»), que suelen representarse con una pata levantada, son especialmente comunes en Japón. El Maneki-Neko, que suele representarse de color blanco o tricolor, se ve con frecuencia en tiendas y restaurantes y es un símbolo de prosperidad y buena suerte. (Según la leyenda, el Maneki-Neko no era un gato negro, sino tricolor).

El gato es también una figura habitual en las canciones infantiles, los cuentos y el entretenimiento popular.

El escritor griego Esopo, mencionaba con frecuencia a los gatos en sus fábulas. La leyenda inglesa de Dick Whittington narra en detalle su ascenso de la pobreza a la riqueza gracias a la destreza de su gato para cazar ratones.

Los escritores Théophile Gautier y Charles Baudelaire, rindieron homenaje al gato, y en el siglo XX, Rudyard Kipling, Colette y T. S. Eliot, escribieron sobre gatos.

El musical «Cats» (1981), de Andrew Lloyd Webber, se convirtió en uno de los espectáculos que más tiempo ha permanecido en cartelera en Broadway.

Identificación de los gatos

Como hemos mencionado, la familia de los felinos se divide habitualmente entre los que rugen y los que ronronean.

En cuanto al gato doméstico, está perfectamente diseñado para dos funciones principales —el control de plagas y la compañía— y podemos elegir un gato en función del propósito que más nos interese.

Dado que las diferencias entre las razas de gatos pueden ser sutiles, especialmente si se comparan con las diferencias entre las razas de perros, los gatos se identifican habitualmente según una característica física básica, como el color, el patrón del pelaje, el tamaño corporal o la longitud del pelo.

«Negro», «atigrado naranja», «de pelo largo», «de pelo corto»: todas ellas son categorías comunes mediante las cuales se identifican, anuncian y buscan los gatos.

Orígenes de las razas

Una raza felina es un grupo de felinos emparentados que comparten una conformación —es decir, un aspecto físico similar— o una región geográfica de origen común.

A medida que los gatos se fueron extendiendo por todo el mundo, algunas poblaciones se adaptaron a sus entornos específicos y transmitieron esas adaptaciones a su descendencia. Por ejemplo, razas como el Siberiano y el Bosque de Noruega, desarrollaron un pelaje largo y denso para protegerse de los duros inviernos de Rusia y Noruega.

Estudios genéticos recientes han ayudado a determinar los orígenes de algunas de las razas reconocidas más antiguas. En general, los gatos domésticos del mundo (tanto de raza como de cruce aleatorio), proceden de cuatro zonas: Asia, Europa occidental, África oriental y la cuenca mediterránea.

Los «estándares» de raza son directrices escritas que describen las características que definen a un ejemplar ideal de la raza. Estos estándares suelen ser redactados por criadores que participan en el establecimiento o la promoción de la raza, y son aprobados por las asociaciones felinas.

Colores y patrones

Las mutaciones han dado lugar a la extensa paleta de colores del pelaje que vemos hoy en día.

Sin embargo, independientemente del color o del patrón externo, todos los gatos domésticos son genéticamente atigrados, al igual que sus antepasados salvajes.

Es posible que el patrón atigrado no se manifieste debido a la acción de genes modificadores. Por ejemplo, el gen dominante del color blanco enmascara la expresión de otros genes, lo que significa que un gato totalmente blanco podría poseer los genes de casi cualquier patrón o color.

Estos genes pueden transmitirse a las generaciones posteriores. Todos los gatos, independientemente de su aspecto, poseen genes para uno o más de los siguientes patrones atigrados:

●  Tabby clásico (manchado): rayas anchas con remolinos, u «ojos de toro» en los costados.

●  Atigrado «mackerel»: rayas más finas que se extienden por los costados como las espinas de un pez.

●  Atigrado «ticked» (agouti): bandas alternas oscuras y claras en cada pelo.

●  Patrón moteado: manchas oscuras sobre un fondo más claro, con rayas atigradas en la cara, las patas y la cola.

Aunque existen numerosas combinaciones posibles de colores y patrones, las siguientes son las adaptaciones y los factores más importantes:

●  Factor de manchas blancas: este gen dominante proporciona a los gatos manchas o parches blancos. La expresión del gen es variable y puede diferir enormemente de un gato a otro. Algunos gatos tendrán sólo unas pocas manchas blancas pequeñas, mientras que otros serán predominantemente blancos.

●  Sólido: el patrón sólido se debe a la herencia de dos copias de un gen recesivo denominado «nonagouti». Los gatos de color sólido (también llamados «de un solo color»), se pueden encontrar en numerosas razas.

●  Dilución: el gen recesivo «diluido» aclara el aspecto del color del pelaje al modificar la distribución de las partículas de pigmento. Por ejemplo, el negro se diluye a gris, el rojo a crema y el chocolate a lila.

●  Colorpoint: también conocido como «patrón siamés» o «himalayo», el colorpoint es una forma de albinismo imperfecto que distribuye el color por las zonas más frías del cuerpo (orejas, máscara facial, patas y cola) y se ha comparado con el patrón himalayo de los conejos.

●  Bicolor: se trata de un patrón de zonas blancas con manchas de otros colores o patrones. Por ejemplo, los gatos «de esmoquin» son negros con manchas blancas en la cara, el pecho y las patas.

●  Tricolor: es una combinación de tres colores. El patrón «calico» (manchas de naranja, negro y blanco) es el patrón tricolor más común.

Gatos atigrados

La coloración naranja en los gatos (conocida como «rojo genético»), se denomina «ligada al sexo», ya que el gen se encuentra en el cromosoma X.

Las hembras poseen dos cromosomas X y pueden heredar el gen del color naranja y el gen del color negro, uno en cada cromosoma X, por lo que pueden presentar el colorido patrón naranja y negro conocido como atigrado.

Sin embargo, los gatos machos, al tener un solo cromosoma X, pueden ser naranja o negro, pero no ambos a la vez.

Sólo cuando un gato macho presenta una mutación poco frecuente que le confiere dos cromosomas XX y un cromosoma Y, puede ser de pelaje atigrado. Estos machos suelen ser estériles y a menudo muestran un comportamiento femenino.

Tipos de cuerpo y rasgos físicos

La mayoría de las razas de gatos se clasifican en tres tipos generales de complexión: robusta, como la del Persa; esbelta, como la del Siamés; y moderada, como la del Birmano europeo.

El tipo robusto posee el pecho profundo, es compacto y ancho en los hombros y la grupa; la cabeza es grande y redonda.

El tipo esbelto es delgado y ágil, con líneas largas y afiladas, una cabeza estrecha en forma de cuña y una cola larga y esbelta.

El tipo moderado se sitúa entre ambos extremos.

La longitud media de un gato doméstico adulto es de 71 cm para los machos y de 51 cm para las hembras. El peso medio de un gato sano oscila entre los 2,7 y los 5,44 kg. Sin embargo, tamaño y peso pueden variar considerablemente en función del sexo y la raza. Por ejemplo, los gatos de la raza Savannah, pueden medir hasta 43 cm de altura y 56 cm de longitud, mientras que los de la raza Munchkin, sólo miden entre 13 y 18 cm de altura debido a sus patas cortas. Los gatos Maine Coon pueden llegar a pesar hasta 10 kg.

Coordinación y musculatura

Los gatos son mamíferos carnívoros altamente especializados y adaptables. Son digitígrados, lo que significa que caminan sobre las puntas de los dedos, lo cual es una de las razones por las que pueden moverse tan sigilosamente.

Por lo general, los gatos caminan o corren moviendo al unísono las patas delanteras y traseras de cada lado. Cada pata toca el suelo en un punto diferente de la zancada, lo que se conoce como «marcha de cuatro tiempos». La mayor parte del peso del gato mientras camina se concentra en las patas delanteras.

Dado que las vértebras de la columna vertebral están unidas entre sí por músculos y no por ligamentos, el gato puede moverse con gran agilidad. La estructura de las articulaciones de los hombros le permite girar la pata delantera en casi cualquier dirección, lo que le facilita realizar giros rápidos cuando persigue a su presa.

Los gatos tienen tanta coordinación que, casi siempre, caen de pie si se caen o si alguien los deja caer.

Dientes

Los dientes de un gato están adaptados a tres funciones: perforar, sujetar y cortar.

Los gatos carecen de dientes trituradores de corona plana y, por lo tanto, no pueden masticar la comida; en su lugar, la cortan.

A excepción de los caninos y los molares, los dientes del gato son prácticamente inútiles; la mayoría de los dientes posteriores ni siquiera se tocan cuando la boca está cerrada.

Garras

Las garras del gato se retraen cuando no las utiliza. El movimiento que las saca de su vaina, también separa ampliamente los dedos, lo que hace que la pata sea más del doble de ancha de lo normal y la convierte en un arma formidable.

Este mecanismo de retracción de las garras está presente en todas las especies de la familia de los felinos, excepto en el Guepardo.

Aunque no hay terminaciones nerviosas en la uña propiamente dicha, sí hay capilares sanguíneos en la zona interna, conocida como «matriz». Por eso, al cortar las uñas a los gatos domésticos, los dueños deben cortar la punta blanca y afilada de la uña, pero no la matriz rosada, ya que cortar esta última puede resultar doloroso para el animal.

Orejas

El gato no sólo goza de un oído muy agudo, sino que su oído externo cuenta con más de una docena de músculos que le permiten girar 180 grados.

Esto hace que las orejas puedan orientarse hacia el origen de los sonidos, y su forma ayuda a canalizar el sonido hacia el interior del oído. Este diseño también facilita la localización precisa del origen de los sonidos.

Cola

La cola forma parte de la columna vertebral y suele contener unas 20 vértebras caudales adicionales.

La excepción la constituyen razas como el Manx y el Bobtail japonés, que presentan mutaciones que les confieren colas cortas o la ausencia total de cola.

La cola del gato es móvil y se utiliza tanto para mantener el equilibrio, como para comunicarse. Actúa como contrapeso, pero son el sentido del equilibrio del gato y la flexibilidad de su columna vertebral los que le permiten recuperarse por sí mismo en caso de caída.

Piel y pelaje

La piel del gato está compuesta por la dermis y la epidermis. Unos diminutos músculos erectores, unidos a los folículos pilosos, permiten al gato erizar el pelaje.

Aunque el gato es un animal relativamente pequeño, puede asustar a sus enemigos arqueando el lomo y erizando el pelaje. Además, al erizar el pelaje se crean bolsas de aire que protegen al gato del frío.

Independientemente de la longitud del pelaje, todos los gatos (excepto razas como el Cornish Rex y el Devon Rex, y los gatos sin pelo, como el Sphynx), poseen 3 tipos de pelo: el pelo de cobertura, el pelo de guarda y el pelo de relleno.

El pelo de cobertura es largo y rígido, y cubre la capa superior del pelaje del gato, manteniéndolo seco.

El pelo de relleno y el pelo de guarda son pelos secundarios (también denominados «subpelo») y son más numerosos que el pelo de cobertura.

El pelo de guarda es fino y suele tener extremos rígidos y puntiagudos. El pelo de relleno es el más numeroso; es muy fino y es el que se enreda con mayor facilidad.

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